La activación conductual para la depresión

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¿Qué es la depresión?

La depresión es uno de los problemas descritos desde la antigüedad hasta nuestros días. Sobre sus causas y su forma de presentación en cada persona se han descrito multitud de formas. Con la llegada de las ciencias de la psicología y la psiquiatría, se ha ido concretando tanto las posibles causas como los tratamientos más eficaces.

La depresión se conceptualiza actualmente como una situación en la que la persona parece que ha perdido el interés por lo que le rodea, por la vida en general, con un estado de ánimo decaído, con pensamientos negativos, autocríticas, incapacidad o gran dificultad para disfrutar de lo que le acontece, con muchas dificultades para realizar cualquier tipo de actividad, por una especie de ensimismamiento que le aísla de su entorno.

A nivel internacional, la depresión es uno de los problemas de salud que más se ha desarrollado y se considera que los costes que conlleva son muy importantes, tanto para las personas que sufren esta situación como para las personas que le rodean. Tan importante se considera esto, que las asociaciones internacionales se están planteando el establecimiento de planes generales para la población encaminados a la prevención y al tratamiento en diferentes fases de desarrollo de este problema. Aquí confluyen las intervenciones de tipo médico, psicológico, social e incluso económico, dado el alto coste que supone para la sociedad actual.

Tratamientos de la depresión en la actualidad

En la actualidad parece que hay dos grandes líneas de tratamiento de la depresión, teniendo en cuenta sus posibles causas. Una de ellas se basa en la hipótesis -no comprobada experimentalmente, pero admitida- de un desequilibrio en las sustancias -neurotransmisores- que transmiten la información de unas neuronas a otras. Basado en esta hipótesis, el tratamiento indicado sería la medicación que se supone que reequilibra la presencia de estas sustancias y produce una mejora en la persona que lleva a cabo este tratamiento.

Otra gran línea de tratamiento es considerar que la causa de la depresión puede estar en las deficiencias que tiene la persona a la hora de abordar los problemas que se le van presentando, en definitiva, un déficit o una carencia de habilidades. El tratamiento para estas deficiencias se centraría en proporcionar a la persona estrategias que corrijan esta situación y se consiga una mejoría en su estado de ánimo y en su vida, en general.

Dentro de los tratamientos psicológicos, se está abriendo camino uno en especial que conceptualiza la depresión de una manera diferente. En este modelo, la depresión se considera una respuesta normal o explicable ante un determinado contexto personal, generalmente de pérdida de algo importante para la persona, de manera súbita o poco a poco. Esta explicación tiene en cuenta las circunstancias vitales presentes en ese momento inicial, y propone que la situación depresiva se mantendría a lo largo del tiempo por continuar con esas mismas conductas iniciales, que en un primer momento han podido ser adaptativas, a lo largo del tiempo, con lo que se convierten en inadecuadas.

Para esta nueva forma de abordar la depresión, el comienzo de este estado de ánimo podría ser consecuencia de una situación que, de manera súbita o poco a poco, aparta a la persona de sus situaciones vitales que le dan sentido a su vida. Este modelo de tratamiento reconoce la posible confluencia de aspectos genéticos, biológicos o de otra índole, pero centra su atención e insiste en la pérdida de situaciones vitales importantes o en la disminución de rutinas importantes. La clave de esta manera de ver la situación depresiva se centra en el mantenimiento de este estado al perpetuar una serie de conductas que,-posiblemente en el inicio de la situación, pudieron ser eficaces en el corto plazo- en la actualidad mantienen a la persona lejos de alcanzar y poder disfrutar de situaciones que en un pasado le han resultado vitales. En definitiva, esta situación depresiva se mantiene porque la persona evita posibles fuentes potenciales de satisfacción vital, debido a que el poder alcanzarlas le resulta demasiado difícil, alejado, doloroso o incómodo, teniendo en cuenta la situación en la que se encuentra en esos momentos.

La activación conductual como tratamiento de la depresión

Partiendo de este modelo de la situación depresiva, la clave de la intervención y las estrategias establecidas van encaminadas a ayudar a las personas a volver a experimentar el contacto con las situaciones que anteriormente les han resultado fuente de satisfacción, a través de la activación de determinadas conductas que le permitan recuperar su vida, que le vayan dado sentido a las actividades que vaya realizando y, al mismo tiempo, vaya eliminando las conductas que evitaban ese contacto con las situaciones vitales importantes para la persona. Esta activación se irá centrando en los valores de la persona que, poco a poco, a través de la intervención, irá recuperando.

Esta intervención, que está bien estructurada y es parsimoniosa en su aplicación, considera, en definitiva, que es la situación en la que se encuentra la persona la que explica su depresión. El cambio de esa situación es el que le hará modificar el contexto en el que la persona está atrapada y salir de la situación en la que se encuentra. Las diferentes y exhaustivas investigaciones llevadas a cabo en estos años consideran a esta forma de intervenir más sencilla que otras maneras de abordar el mismo problema y actualmente se considera un tratamiento con un robusto apoyo empírico.

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