La ansiedad infantil

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La ansiedad en la infancia

La presencia de la ansiedad es una experiencia común en las personas, tanto adultos como niños. Aunque hace tiempo, en la infancia no se le había dado mucha importancia a este asunto, en la actualidad supone un demanda asistencial que se sitúa en el segundo lugar, después de los trastornos de conducta, a la hora de acudir a las unidades de salud mental en la infancia.
Un informe del Instituto de la Mente Infantil (Child Mind Institute) -organización estadounidense sin ánimo de lucro cuyo fin es facilitar las vidas de los niños y las familias a las que les afecta la salud mental y los problemas de aprendizaje- indica, en su edición de 2018, que, en los últimos diez años, han aumentado los diagnósticos de trastornos de ansiedad en jóvenes menores de 17 años, pasando de un 3,5% a un 4,1% en la actualidad. En este mismo informe se indica que los trastornos de ansiedad pasan desapercibidos, únicamente el 1% de los jóvenes con ansiedad busca tratamiento en el año en que comienzan sus síntomas. También se indica en este informe que los niños no tratados de estos problemas de ansiedad, posiblemente seguirán padeciendo ansiedad en la edad adulta.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad se puede entender de varias maneras: unas veces puede ser un estado de ánimo centrado en el miedo; en otras ocasiones pueden ser un conjunto de conductas que suponen un ánimo ansioso, la evitación de situaciones u objetos temidos, una preocupación exagerada, insomnio, taquicardias, irritabilidad, etc. Cuando hablamos de trastornos de ansiedad nos referimos a un conjunto de conductas se pueden presentar ante situaciones diferentes como pueden ser: temor a hablar en público, temor a su separación de los padres, a ir a la escuela, conductas rígidas y repetitivas para evitar el miedo, etc. Aunque se presenten ante situaciones distintas, los elementos comunes, como la preocupación excesiva, las señales físicas, el deseo de evitar el malestar interior o la situación externa concreta son comunes a todos ellos.

Tampoco conviene olvidar que la ansiedad pude ser una experiencia emocional normal y puede hacer referencia a conductas normales -preocupación, tensión muscular, palpitaciones- que pueden llegar a ser un problema cuando su frecuencia, duración e intensidad hacen que tales comportamientos pierden su función adaptativa.

¿Por qué tiene ansiedad un niño?

Los niños se enfrentan a muchas situaciones desconocidas y potencialmente peligrosas en su desarrollo en las que es normal experimentar ansiedad y miedo y posiblemente estas respuestas, desde el punto de vista evolutivo, funcionarían como una manera de protegerse. Lo habitual es que estas experiencias de miedo y ansiedad ayuden al niño a madurar emocionalmente y a aprender estrategias adecuadas de afrontamiento para futuros acontecimientos estresantes.

Cuando el niño es un bebé reacciona a estímulos atemorizantes -ruidos fuertes, estímulos intensos-, un poco más tarde es capaz de discriminar entre estímulos familiares y los que le resultan extraños, aquí es donde se inicia el miedo ante las personas desconocidas y a la separación de sus padres. Cuando aprende a andar y explorar el mundo, hay muchas situaciones que le producen temor. Más adelante -2-5 años- aparece el miedo a la oscuridad, a permanecer solos, a los seres imaginarios, a los animales; también los miedos son menos situacionales, ya que son capaces de imaginar o anticipar situaciones de peligro, además, a esta edad los niños son muy susceptibles al contagio emocional del miedo experimentado por oras personas.

Durante la segunda infancia,-6-9 años- los niños son capaces de manifestar miedo al daño físico, al fracaso y al ridículo, estos miedos están relacionados con situaciones en las que muestras escasas habilidades en algunas áreas como puede ser la escuela, el deporte. Con la pubertad se acrecientan los miedos relacionados con el juicio de los demás, el daño físico, los conflictos entre los padres y las relaciones familiares. En los adolescentes predominan los miedos e tipo social, generalmente asociados a la propia imagen, a la estima personal y a las relaciones interpersonales, todos ellos acrecentados en estos momentos por el uso, y en muchas casos, por el abuso de las redes sociales que en muchos casos son el elementos de la propagación de rumores y acoso.

¿Qué dicen los datos sobre ansiedad infantil?

Los diferentes datos epidemiológicos elaborados en nuestro país en los últimos años -y en el resto de países industrializados- indican que los trastornos de ansiedad más habituales son la fobia simple, la ansiedad de separación -mayor en los niños pequeños- y la ansiedad excesiva -mayor en los adolescentes-; tienen menos prevalencia el trastorno obsesivo compulsivo, la evitación social y el trastorno de pánico. Estos trastornos son más prevalentes en las niñas que en los niños.

Según indican diferentes estudios -Instituto de la mente Infantil- los trastornos de ansiedad se pueden confundir con otros problemas como la depresión infantil, la hiperactividad, algunos problemas médicos, por lo que es importante una detección adecuada y una intervención temprana.

En cuanto a las posibles causas o factores de riesgo, se apunta a un conjunto de ellos como son: el temperamento inhibido, sucesos traumáticos, enfermedades, un contexto educativo poco adecuado y protector, sucesos estresantes -sobre todo en relación con problemas de relación social-.

La intervención psicológica ante las situaciones de miedo o fobias tiene una larga trayectoria en general y específicamente en la infancia. Los primeros trabajos en este campo datan de mediados del siglo veinte, estos trabajos de investigación han crecido en las últimas tres décadas de manera progresiva. Estas investigaciones, tomadas en su conjunto permiten concluir que hay tratamiento eficaces para los niños y adolescentes que tienen estos problemas. También permiten concluir que, en base a los estudios suficientemente controlados, el tratamiento de primera elección para estos problemas es el psicológico. Los tratamientos farmacológicos -salvo un antidepresivo para el trastorno obsesivo-compulsivo-, que se suelen recetar para estos problemas, no han demostrado totalmente su eficacia ante los problemas de ansiedad en la infancia, ya que no hay publicados suficientes estudios experimentales en este sentido. Incluso la Asociación Británica de Psicofarmacología propone como recomendación: “reserve los tratamientos farmacológicos para los niños y adolescentes que no hayan respondido a los tratamientos psicológicos y en los cuales, los beneficios potenciales es probable que superen los riesgos potenciales” (Baldwin y cols. 2005, p. 588).

Entre los tratamientos psicológicos que han demostrado su eficacia está la denominada terapia de conducta y la terapia cognitivo-conductual, ya que ha demostrado su eficacia tanto a corto, como a largo plazo, la ausencia de efectos secundarios conocidos, por lo que se propone como la terapia de primera elección.

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